De la tierra y del cielo,

Y les he visto el fin ó con los ojos

Ó con el pensamiento.

Mas ¡ay! de un corazón llegué al abismo,

Y me incliné por verlo,

Y mi alma y mis ojos se turbaron:

¡Tan hondo era y tan negro!

XLVIII

Como se arranca el hierro de una herida

Su amor de las entrañas me arranqué,