—¡Oh! ¡señora! ¡una puñalada! eso ya es más grave.

—¿Qué diferencia hay?

—Por de pronto, la señora condesa estaba enferma, y la enfermedad tiene buenas espaldas para cargar con todo. ¡Pero matar a una persona que está sana! Eso es más difícil.

—Te pagaré según el trabajo.

—¿Y si me cogen?

—Tomas una embarcación y te refugias en Turquía; la justicia no te perseguirá hasta allí.

—Es que tenía la idea de quedarme aquí. Quería comprar una propiedad.

—La tierra se compra por nada en Turquía.

—Es igual. Lo que la señora pide vale cincuenta mil francos.

—¿Cincuenta mil francos?