LIX.
»No se halló sombra que cejar te hiciera,
Ni áun Tifeo, y armado y corpulento,
Ni vió turbarse tu razon, la fiera
Hidra, al sitiarte con cabezas ciento.
¡Salve, prole de Jove verdadera!
¡Al coro divinal nuevo ornamento!
A los tuyos, aquí, y al sacrificio
Vén con fáciles pasos, vén propicio.»