LX.
Cantaba el coro así: la áspera roca
De Caco, en fin, su lóbrega guarida
Conmemora, y al monstruo, por la boca
Fuego arrojando, aliento de su vida.
Mueve el canto á la selva, y lo revoca
El eco por los montes. En seguida
Las sacras ceremonias ya acabadas,
A la ciudad dirigen las pisadas.