»¡Dé libertad de hablar, y enfrene el vuelo
A su orgullo, el fatal ductor que hace
Con funestos auspicios—sí, dirélo,
Y siquiera de muerte me amenace!—
Tanto prócer caer, y sume en duelo
A la ciudad, miéntras con pié fugace
Del enemigo campo se desvía
Y al asordado cielo desafía!
LXXIII.
»¡Ojalá que esa espléndida embajada,