—Ya lo sabrás, hija mía, ya lo sabrás... Por el momento, todas tus compañeras se van a morir de envidia.
Esto era lo único que anhelaba Judit; y, efectivamente, produjo honda impresión esta noticia al día siguiente en el saloncillo del baile.
—¿Pero es de veras?
—Te lo aseguro.
—¡Esa remilgada! ¡Qué suerte tiene!...
—¡Una figuranta, una corista!
—En tanto que yo... ¡una primera parte!
—¡Es irritante!
—Pero es natural—decían otras;—hay que confesar que es muy guapa...