—Le respondo de que la dama en cuestión no ha recibido ni un rasguño. La conozco bien y sé que está demasiado enamorada de su piel para agujereársela.
—Pero, ¿y si hubiese sido asesinada?
—No tenga usted cuidado, mi excelente amigo. ¿Conoce usted a los pájaros de jaula?
—No mucho.
—¿Entonces usted no sabe la diferencia que hay entre los pájaros de cabeza azul y los pájaros de cabeza negra?
—No.
—Los pájaros de cabeza azul son unos lindos animalitos que se dejan matar sin resistencia; los de cabeza negra son los que matan a los otros. ¡Pues bien! la dama en cuestión es un pájaro de cabeza negra. Ahora, vamos a desayunarnos.
—No comprendo. ¿Entonces por qué me harían llamar?
—Si le hace venir a buscar aquí, no es por el placer de hablar con usted. Es para atraer a otra persona. ¿Qué dice usted, querido conde?
—Tiene razón—dijo la viuda.