—No, aun está en la casa.
—Entonces aun hay remedio. Yo le hablaré. Hay que jugarse el todo por el todo.
—¡Vamos, pues! Es necesario que vea a don Diego.
—¿Y cómo le verás?
—Alquilaré cualquier casa por allá.
—Vamos. Estoy segura de que si llegas a tenerle bajo tus ojos, harás de él lo que quieras. ¡Estás soberbia!
—Es la cólera. Le he reclamado el pequeño, y les he amenazado con un proceso. Tendrá miedo y vendrá.
—¡Si viene, lo robas!
—¡Como a una pluma!
—Quizás has hecho mal en hablar de proceso. Es demasiado orgulloso para ceder por ese procedimiento. Atacar a un español por las amenazas, es lo mismo que acariciar a un lobo a contrapelo.