XXIV.

Y una voz resonó tremenda y clara

Que á Rútulos envuelve y á Troyanos:

«¡Teucros! á defender mi flota cara

Alados no acudais ni armeis las manos;

Cual si los mares á incendiar probara,

Saldrán de Turno los intentos vanos.

¡Huid, diosas del mar! ¡Cada una horra—

Vuestra madre os lo manda—el ponto corra!»