XXI.

»¡Ven! (dice, y fulminante la menea)

«¡Oh! dáme que á ese Frigio afeminado

Bajo tus botes confundido vea;

Que la tersa loriga, mal su grado,

Rota, arrancada, destrozada sea,

Y el cabello gentil todo empolvado

Que unge, en mirra y con hierro ardiente riza!»

Turno así delirando se encarniza.