XLVI.

»El dorso coronando de la cueva

Hubo á dicha una roca agreste, aguda,

Que á los ojos altísima se eleva

De contornos simétricos desnuda:

Infausto alado ejército la aprueba

Porque á hacer nidos en su cumbre acuda;

Y ella propia hácia la onda tiberina,

Que á izquierda huyendo va, mira y se inclina.