LXXV.

«Cuando Ilïon sin esperanza alguna

Dilataba tan sólo su caida,

Y más que de altos reyes, de Fortuna

Iba á ser Troya en llamas destruida,

No á tí para los tristes, importuna

Pedí entónces, esposo de mi vida,

Armas; en ejercicio de tu arte

No quise inútilmente fatigarte.