LXXI.

Y ya el áspid sutil por entre el bello

Seno y las ropas de la Reina gira;

Ya, sin que la infeliz se cure de ello,

Víbora, alma de víbora le inspira:

Crece, y dorada alhaja orna su cuello;

Crece, y cinta elegante atar se mira

Sus cabellos y sienes; crece, y blanda

Hincha sus venas, por sus miembros anda.