CXXIV.

Ya en la enorme loriga brilladora,

Recia en el bronce, en el matiz sangrienta

Como nube cerúlea á quien colora

Fogoso el sol, los ojos apacienta;

Ya de las pulcras grevas se enamora,

De electro y oro que al más fino afrenta;

La lanza admira, y el labrado escudo,

Que humano idioma describir no pudo.