CXXIII.

Reconocido el adalid y ufano

Por la honra excelsa y recibida gracia,

El tesoro contempla soberano

Y la vista sobre él gozosa espacia:

Las piezas, ya en el brazo y ya en la mano,

Revuelve, y de mirarlas no se sacia:

La espada incontrastable, la garzota,

El yelmo aterrador que incendios brota.