CLXXII.
Pasó el hierro la pelta (asaz ligera
Arma á tanta arrogancia) y la loriga
Que de hilos de oro tierna madre hiciera;
Llenóla en sangre; y triste se desliga
El alma, y á otro mundo huye ligera.
Ni pudo Enéas ya como á enemiga
Aquella faz mirar, faz moribunda
Que extraña palidez baña y circunda.