CLXXI.
De la Diosa ministra vigilante,
Impávida testigo de la liza
Sentada en alto monte allá distante
Ópis mirando está la horrenda riza.
Mas viendo en el tropel vociferante
La sentenciada Ninfa que agoniza,
Su conmovido pecho no consiente
Moderacion, y clama en voz doliente: