CLXI.
Arrunte, la ocasion llegada al dolo,
El dardo aparejado, oró ferviente:
«¡Oh tú, á quien los Hirpinos como á solo
Dios del Soracte protector, la frente
Humildes inclinamos, almo Apolo!
Tú en cuyo honor cien pinos luz viviente
En piras dan; y á cuya sombra santa
Ascuas hollamos con segura planta!