CLX.

Tras éste corre, pues, la vírgen, ora

Colgar quiera sus armas por trofeo

Al templo, ó ya vestir, de cazadora,

Cautivo el oro del vistoso arreo.

Mujeril impaciencia la devora,

Y en manos, ¡infeliz! de su deseo,

En la confusa lid con alma y ojos

Tras esa presa va y esos despojos.