De léjos á la Euménide sentido,
De hermosas crenchas la esparcida gala
Rasga, hiérese el pecho dolorido,
Y el rostro ofende, y su dolor exhala
En voces tales: «¡Ay! en vano, en vano
Ya ayudarte querré, mísero hermano!
CLXXIX.
»¡Cruel fuérzanme á ser! De hoy más, ¿qué espero?
¡Y qué! ¿de prolongar, Turno, tus dias
Arbitrio no me queda? ¿Aqueste agüero