Abolengo se precia. A aquella fuente

El que á tí nos envía está cercano,

Hijo de Diosa, Enéas, Rey troyano.

XLV.

»Cuántas nubes de muerte de Micénas

Á asolar fueron la ciudad troyana;

Cuál lucharon al pié de sus almenas

Asia y Europa con crueza insana,

Lo sabe el que las últimas arenas

Pisa do va á quebrarse espuma cana;