Y ahora mismo vanamente, oh Diosa,
Encubres tu beldad. Mas ¿quién te envía,
Quién, dime, de la sedes celestiales
Tanto mal á palpar y horrores tales?
CXXXI.
»¿Mirar querrás los míseros despojos
De tu hermano?... ¿Y qué espero? ¿Cuál reparo
Me ofrece la fortuna? Por mis ojos
Ví á Murrano caer: otro, más caro
Amigo no me queda: oí sus flojos