Y fué aquello un morir fiero y sañudo,

CXXIV.

Hiere á las damas la nefasta nueva:

Mesándose Lavinia los floridos

Cabellos, las airadas manos ceba

En las róseas mejillas: con gemidos

Responde su cortejo; el eco lleva

Por las ámplias mansiones los plañidos;

Y ya por la ciudad su vuelo explaya

El rumor, y los ánimos desmaya.