La conciencia del hecho audaz le aqueja;
Medrosa bajo el vientre recogida
Vuelve la cola, y sin mirar por dónde
En marañada selva entra y se esconde.
CLXVII.
Entre tanto la vírgen moribunda
Arranca con la diestra el dardo hundido;
¡En vano! entre los huesos con profunda
Llaga se ceba el hierro encrudecido.
Sombra de muerte su mirada inunda,