CXLI.

Cogió ella al cazador, ni afan le cuesta

En hueste desbandada. «¡Y qué, Tirreno!

¿Piensas,» dice, «que aquí cazar te es fiesta

Monstruos, cual de las selvas en el seno?

Tiempo es que de armas de mujer respuesta

Lleven tus voces. Ni de gloria ajeno

Vas á la sombra de tu padre: díla

Que á manos sucumbiste de Camila.»

CXLII.