»¡No hay Dioses en la lid! somos mortales,

Y es mortal el contrario que os aterra;

Brazos tenemos y ánimos iguales.

O á Troya ó á la mar: la mar nos cierra

El paso con sus moles colosales;

Troya nos llama; efugio no hay por tierra;

Amigos, elegid sin más tardanza!»

Dice, y entre el tumulto se abalanza.

LXXXII.

El primero en ponérsele delante