Que no ha echado de ver cómo al abrigo
De aquella confusion, entre la gente
El jefe del ejército enemigo
Siguiendo impetüoso la corriente
Penetra, como tigre despiadado
En medio de pacífico ganado.
CLIII.
Entran, pues. Mas de súbito á sus ojos
Brilla extraña vision: altos se mecen
Sobre yelmo gentil crestones rojos;