A su empuje el taurino doble cuero,

CXLVIII.

Y áun con dobles escamas de oro fino

La fiel loriga resistir no pudo:

Desmayado el gran cuerpo al suelo vino,

Tembló la tierra y retumbó el escudo.

Con golpe así y estruendo repentino

Yerto pilar que giganteo y mudo

En ántes dominara el mar de Bayas,

Cae tal vez en las soberbias playas,