XCIX.
Y al muro, á la falange delantera
Frenética ella corre, ella no cuida
Que entre armas y varones acelera
El paso, ni el peligro la intimida;
Y de quejas despues hinche la esfera:
«¡Que así te miro, ay hijo de mi vida!
Tú, arrimo á mi vejez mísera y triste,
¡Cruel! ¿dejarme en soledad pudiste?