A quien apénas apuntaba el bozo.

XXXVIII.

Más que Euríalo hermoso, armas troyanas

Mancebo no vistió; verle enamora:

Fueron en paz y en guerra almas hermanas

Los dos; comun deber los junta ahora.

«¡Euríalo! ¿algun Dios á las humanas

Mentes dará este afan que me devora?»

Niso dice: «¿ó su propio terco anhelo

Cada uno juzgará ser voz del Cielo?