Y el blanco cuello, que á la leche iguala,

Ciñe, de oro tambien, maciza gala;

CXXXIII.

Y llevando ante sí largos escudos,

Blande cada uno doble dardo alpino.

El de Salios danzantes, y desnudos

Lupercos, á este grupo está vecino:

Señálanse los ápices lanudos

Y el ancil sacro que del cielo vino;

Y matronas, que insignias venerandas