Allí el antro de Marte se descubre,

De una parida fiera verde alcoba:

Dos risueños rapaces, que el salubre

Sustento solicitan de la loba,

Cuélganse en torno á la materna ubre;

Y ella con mansa lengua los adoba,

Ya á éste volviendo en su comun cariño

La robusta cerviz, ya al otro niño.

CXXVII.

Viene tras esto la naciente Roma;