Cabe el frio raudal, solo y señero

En un repuesto valle, ante él parece,

Y la hadada armadura así le ofrece:

CXXII.

«Cata, hijo, aquí las armas inmortales

Que sola de mi esposo el arte traza:

Las prometidas armas con las cuales

Arrostrarás de Turno la amenaza

Y el soberbio furor de sus parciales!»

Dice, y al hijo Citerea abraza,