Al malhadado campo Laurentino!

Al polvo, Turno, inclinarás la frente;

¡Y tú cuánto broquel, Tibre divino,

Cuánto yelmo darás en tu corriente,

Y derribado cuerpo al mar vecino!

¡Vengan ahora á desplegar sus haces;

Vengan, y rompan las juradas paces!»

CVIII.

Dice; y del alto solio se levanta:

El muerto fuego á Alcídes consagrado