Hoy baja el alma de la grande Dido

Al centro oscuro del eterno olvido.

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Dijo. Al momento acuden sus mujeres

Al alboroto, y hállanla caida

Sobre la aguda espada, ya muriendo,

La espada de espumosa sangre tinta,

Las blancas manos ya con sangre rojas.

Alzan un alarido horrendo todas

Que atruena el gran palacio y altas salas;