Furiosa con tan fiero y crudo intento,

Los ojos ya sangrientos revolvia,

Llenas de azules manchas las mejillas

Que le temblaban espantosamente.

Teñida ya de amarillez funesta,

Clara señal de la vecina muerte,

Con ímpetu se lanza en lo secreto

De su palacio, y súbese furiosa

Sobre la alta hoguera, y desenvaina

La espada del Troyano, dón ajeno