Juno á hablarle empezó, y así la atiza:
LXVII.
«Tú sola, hija de la Noche, puedes
Conseguir lo que imploro; ¡oh vírgen! fio
Que en tan estrecha coyuntura, vedes
Que sucumba mi honor y el poder mio:
No dejes tú que, entre nupciales redes
de Latino envolviendo el albedrío,
A mansalva el troyano aventurero
Los ítalos confines tome artero.