IV
LOS VIEJOS DE LA TERTULIA DE MADAMA LISSAGARAY
Grandes comentarios se hicieron entre los amigos acerca de la desaparición de Chipiteguy. En la tertulia de madama Lissagaray se habló mucho del caso, y, sobre todo, los viejos y las personas sesudas discutieron y expusieron sus opiniones.
Había variedad de hipótesis. La mayoría consideraba que el secuestro tenía un carácter político, y, según sus ideas, lo achacaban unos a los carlistas y otros a los masones.
Algunos no creían que se tratara de maniobras políticas, sino de motivos personales.
Uno de los que acusaba a Frechón como autor o, por lo menos, cómplice del secuestro, era Pascual Joliveau, el Robinsón Crusoé del baile del día de San Martín.
Joliveau tenía su tienda de herbolario en el piso bajo, en casa de madama Lissagaray. Joliveau era soltero, de unos treinta y tantos años, grueso, rubio, pálido, pesado e imberbe, con las orejas grandes y las manos enormes.
Era, además, tartamudo.
Joliveau ganaba dinero con su tienda. Era muy trabajador y un poco entrometido en cuestiones de medicina. Creía que sabía mucho, y también lo creía la gente de la vecindad.