Todo es mentira: la gloria, el oro.

Lo que yo adoro

Sólo es verdad:

¡La Libertad!

. . . . . . . .

Así los barqueros pasaban cantando

La eterna canción,

Y al golpe del remo saltaba la espuma

Y heríala el sol.

—¿Te embarcas?—gritaban;—y yo sonriendo