Paredes que la guardan,
Oí la esquila que al mediar la noche
A los maitines llama!
¡Cuántas veces trazó mi triste sombra
La luna plateada,
Junto á la del ciprés, que de su huerto
Se asoma por las tapias!
Cuando en sombras la iglesia se envolvía,
De su ojiva calada,
¡Cuántas veces temblar sobre los vidrios