En el carro de los muertos

ha pasado por aquí,

llevaba una mano fuera,

por ella la conocí.

Era el pobre muchacho, que estaba encerrado en una de las habitaciones de la venta, donde pasaba los días contemplando inmóvil el retrato de su amante sin pronunciar una palabra, sin comer apenas, sin llorar, sin que se abriesen sus labios más que para cantar esa copla tan sencilla y tan tierna, que encierra un poema de dolor que yo aprendí á descifrar entonces.


DESDE MI CELDA

CARTAS LITERARIAS