Y le tendió una mano. Arturo se arrodilló ante ella.
Al llegar aquí, se interrumpió el notario.
—¿Y qué?—exclamaron todos;—concluya.
El notario contestó, sonriéndose:
—Arturo no me ha contado más... Por otra parte, va a dar principio el tercer acto de Roberto...
—¿Qué importa? termine.
—¿Qué más he de decir a ustedes? Vengo de comer con ellos y de firmar el contrato.
—Así, pues, ¿se casan?
—Judit lo ha querido.
—Como última sorpresa, sin duda.