»Adiós, mi buena madre; rece por mí y vea si puede obtener de mi padre que vaya un día a la iglesia con usted. Si él hiciera eso por su pequeña Germana, la conversión sería completa y yo quizá me salvaría. Debe haber una recompensa allá arriba para los que conducen un alma a Dios. ¿Pero quién podrá tener crédito en el cielo si no es usted, querida santa?

»Con una ternura infinita soy siempre su respetuosa hija

»Germana.

»P. S. Los besos para mi padre son los que hay a la derecha de la firma; los de usted son los de la izquierda.»

VII

EL NUEVO DOMÉSTICO

El duque no enseñó a la señora Chermidy la carta de la condesa, pero le hizo leer la de Germana.

—Ya ve usted—le dijo—; ha adelantado la mitad del camino en su curación.

Ella se esforzó en sonreír y respondió:

—Usted es un hombre dichoso; todo le sale bien.