—Sin duda... en coche.
—Creí que estaba más enferma.
—¿Usted por lo visto quería un casamiento in articulo mortis?
—No, pero quiero estar segura. ¡Bondad divina! ¡doctor, si llegase a curar!
—La Facultad de Medicina se extrañaría mucho.
—¡Y don Diego quedaría casado para siempre! ¡Y yo mataría a usted, Llave de los corazones!
—¡Ay! señora, no me siento en peligro.
—¡Cómo ay!
—Perdone usted, es el médico el que habla, no el amigo.
—Una vez casada, ¿usted continuará asistiéndola?