XLVI.

»Despues de aquel diluvio y largo viaje,

Sobrio asilo en tus costas, lo que asombre

Nuestros Dioses, pedimos, y hospedaje:

El aire y agua, propiedad del hombre.

No será al reino nuestro ingreso ultraje;

Crecerá nuestro amor y tu renombre:

¡Si á Troya, Ausonios, vuestro seno abriga,

No la vereis ingrata ni enemiga!