XIII.

Cual, llena, asedia un lobo á una majada

En alta noche; y vientos y aguaceros

Arrostra, y por la cerca tienta entrada;

Balan bajo las madres los corderos;

Él ruje, y ya en su presa, áun no tocada,

Ceba sus apetitos carniceros;

Que el hambre acumulada le atormenta

Y arde, áridas sus fauces, sed sangrienta: