XI.
Insiste en sus propósitos; y luégo
Que pudo desatar la voz, turbado
De aquel furor inexorable y ciego,
«¡Monarca venerable! ese cuidado
Que tomas,» dice, «por mi bien, te ruego
Te dignes por mi bien echarle á un lado;
¡Permite que áun á costa de mi vida
Conquiste yo la gloria apetecida!