LXXIII.

«¿Tú nuestra única hija» (y largo lloro

Por la hija y frigias bodas derramaba,

Así hablándole al Rey), «nuestro tesoro

Darás á advenedizos? ¿Ni hallas traba

En su suerte, en mi amor, en tu decoro?

Haya viento propicio, ¡y por esclava

Llevarásela á bordo, y dejaráme

En duelo eterno el robador infame!