LX.

»Yo parto sin hablarla; ella, ¡ay! no sabe

Cuántos riesgos el hijo desafía!

Por la noche y tu diestra, que no cabe

En mí á su llanto resistencia impía;

Venciérame. Consuelo tú süave

Sé, y arrimo, á la pobre madre mia!

Si en tí fincar esta esperanza puedo,

Iré al peligro con mayor denuedo.»