III.

Truncos vuelve sus dardos al guerrero

En efigie, y su cresta ensangrentada,

Préndele á izquierda el gran broquel de acero,

A su hombro cuelga de marfil la espada.

Y él, entre los aliados el primero,

A hablarles se alza luégo: en apiñada

Y silenciosa turba su persona

Los jefes cercan ya; y así razona: